viernes, 5 de septiembre de 2014

Talento Humano

Seis consejos para lograr un balance perfecto entre vida y trabajo

¡Ah! El esquivo balance entre la vida personal y el trabajo. Muchos lo ansían, a pesar de todo solo pocos lo consiguen. Estamos a menudo devanando nuestros sesos, mezclando nuestras labores diarias con pensamientos esperanzadores (o no), sobre lo poco o mucho que nos hace falta para acabar de pagar la hipoteca, la especialización o el apartamento. En años recientes, hemos empezado a admitir que esta estrategia no ha funcionado en la mayoría de nosotros y a lo mejor seguimos en la búsqueda del balance entre proyectos personales y trabajo.



Levante la mano el primero en admitir que no siempre ha tenido el trabajo que desea…Bueno, yo tomo la iniciativa: en el pasado no siempre he tenido el mejor balance entre trabajo y estilo de vida; trayectos de más de dos horas para llegar al trabajo, transporte público atestado y sin contar que madrugar demasiado no es mi fuerte; son algunas de las razones para que aunque disfrutaba mi trabajo  considerara desesperadamente la posibilidad de dejarlo. El hecho de sentir que la vida se te va en un bus de la casa al trabajo y viceversa, se iba convirtiendo en una bola de nieve emocional que empezaba a desmotivar mi desempeño profesional, ¿la solución? Mentalizarme y luchar por un cambio rotundo en mi estilo de vida; trabajar a gusto y tener tiempo para mí cada día. No detallaré la gran mejora que experimenté, pero les aseguro que ha sido un gran salto adelante, un incentivo más para aportarle cada día a esta entidad que me acogió.

Martin Bjergegaard, un emprendedor escandinavo experto en procesos de auto-mejoramiento y la importancia entre trabajo y estilo de vida, ha desarrollado algunos consejos útiles para alcanzar el equilibrio en el mundo moderno, lleno de ansias por la riqueza material, sin detenernos a pensar en lo que nos aporta desde el ámbito personal, el empleo que tenemos. Bjergegaard dice que no es difícil lograr este balance si aplicamos con juicio estos seis consejos:

1) Escoja una misión que le motive

No importa si la labor que hace no se ajusta perfectamente a sus intereses, no se concentre en el problema sino en la solución; esta consiste en imprimirle su toque personal a lo que hace, haciendo aquello que no le gusta, de la manera que sí lo pueda apasionar. Ejemplo: Si su labor asignada es entregar informes de gestión pero lo que le apasiona es el diseño gráfico, fájese a la hora de crear las diapositivas que apoyarán su exposición.

Otra gran ayuda para conseguir motivación  es meterse en la cabeza que ser funcionario público es la forma, en la vida real, de ser un héroe, ya que se tiene capacidad para ayudar a  cientos de personas.

Nunca lograremos un balance perfecto entre vida y trabajo cuando nos sentimos frustrados, desmotivados con nuestro empleo, sintiendo que lo que hacemos es una pérdida de tiempo. Cuando llegamos a casa nos damos cuenta que nos falta energía por el desgaste de una jornada aburrida. Cuando realmente se disfruta el trabajo realizamos nuestras labores con entusiasmo.

No olvide: una de las formas más duraderas de conseguir la felicidad es cuando consideramos que nuestra labor es realmente útil para otros.

2) Defienda sus intereses personales

A menudo caemos en la trampa de tratar de complacer a todo el que esté a nuestro alrededor. Esto es contraproducente ya que termina drenando nuestra energía, succionada desde múltiples lugares por aquellos que quieren que actuemos como ellos desearían. No hay cosa más desgastante y nociva que abandonar nuestras propias actitudes e intereses por complacer a otros. Defender aquello que nos hace ser nosotros mismos, es una obligación como personas y profesionales.

Por qué: porque lo único que garantiza nuestro buen desempeño y reconocimiento laboral es poder aportar nuestro toque personal a lo que hacemos.

3) Optimice su flujo de trabajo

Se suelen contar la cantidad de horas que pasamos en el sitio de trabajo, creyendo que mientras más horas pasemos en él, más exitosos seremos. Sin embargo, los expertos en gerencia han descubierto una tendencia que refuta esta perspectiva de éxito basada en horas de trabajo. Cuando alcanzamos el estado denominado “FLUIR”, podemos ser 10 veces más eficientes que cuando estamos distraídamente rompiéndonos el lomo por más de ocho horas al día.

¿Qué es el estado de Fluir?

Fluir, según la neurociencia, es el estado en el que estamos completamente inmersos en una acción, realizada sin pensar en nada más que en aquello que hacemos. El tiempo y el espacio dejan de existir, esta sensación es mucho más recurrente cuando realizamos algún deporte o labor manual que disfrutamos. Si nos pasa en el trabajo, a menudo quedamos con la sensación de haber hecho muchas cosas fácilmente y en poco tiempo. Las acciones que más disfrutamos son las que nos llevan a menudo a alcanzar este estado de gracia (cerebro-motriz).

4) Haga un orden del día

Habitualmente quienes queremos tener claro para nuestras tareas presentes y futuras, solemos hacer largas listas. Tal inventario de actividades es bueno para liberarnos del esfuerzo de tener que recordarlo todo, o la zozobra de pasar por alto alguna de nuestros tareas, pero no es una buena idea ver cada día aquella extensa enumeración. Lo mejor es  hacer una diaria, que tenga tres o cuatro puntos para desarrollar en el día.

Aún mejor: se puede tener una agenda donde consignemos todas las tareas de mediano y largo plazo, las asignadas y aquellas que son ideas propias. Cada lunes se puede consultar esta gran lista para hacerse una idea de cuáles de esas tareas, se pueden desarrollar o adelantar en el transcurso de la semana.

5) Emociones negativas y correo institucional, vaya combinación explosiva

Largos y emocionales correos electrónico, una pérdida total de tiempo. El correo institucional es para comunicarse de manera asertiva y dejar prueba escrita de nuestras gestiones diarias. Si por ejemplo, algún día le envían uno, en especial el jefe, nunca haga clic en ‘Responder’ para contraatacar. En lugar de ello llame a la persona e invítela a que, ojalá tomando un café, discutan el tema en cuestión. El correo es una pésima herramienta para dirimir altercados. Debido al estrés diario, las personas pueden fallar a la hora de ejercer autocontrol y de vez en cuando simplemente explotan. Un correo electrónico ofrece una manera de sacar lo malo, esperando evadir la reacción adversa de la otra parte, pero sucede todo lo contrario. Racionalizar nuestras emociones es otro gran punto a desarrollar, sobre todo cuando de ellas depende nuestra percepción de profesionalismo.

Antes de disparar, recuerda: la comunicación escrita tiene una característica especial, siempre le otorgamos el tono y la intención emotiva que queramos, dependiendo del grado de gentileza que tengamos con el remitente.

6) Mantenga su espacio de trabajo cuan limpio como le resulte cómodo

Y decimos “cuan limpio como le resulte cómodo”, porque no todo el mundo disfruta de un ambiente demasiado ordenado. Los más ordenados buscan tener sus pensamientos claros, mientras que los que prefieren un poco de licencia en el orden tienden a ser más creativos. Entre gustos no hay disgustos. Lo que sí se recomienda es deshacernos de todo  aquello  que nos genere contaminación visual y estrés innecesario en nuestro puesto de trabajo.

Clave: archive todos los documentos que no necesita y ponga el papel sobrante en el lugar del reciclaje.

Por: Cristian David Pineda Reyes

Coordinación de Desarrollo Integral, Gerencia de Talento Humano.


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